El Centro de Estudios Ácratas, un espacio para la socialización de Tensiones.
Rodolfo Montes de Oca
Desde tiempos inmemoriales, el movimiento anarquista se ha preocupado por la necesidad de crear organismos o espacios en los cuales poder compartir con sus afines, en Venezuela, esta practica no es nueva, los primeros ateneos se crearon a mitad de la década de los 20´s en las zonas petrolíferas y costeras del país, siendo la isla de Margarita y el Zulia donde alcanzarían mayor auge, detrás de nombres de beneficencia muchos anarcosindicalistas llegados a nuestras costas y que huían de nuestras costas empezaron a dictar talleres informales al incipiente movimiento obrero que se empezaba a organizar por aquellos años, inclusive es conocido por muchos que las primeras lecciones de “clasismo” dada a la otrora “generación del 28” fueron dadas en aquellos centros culturales por anarquistas.
Luego producto de una captación de la corriente obrera por partidos del establishment, muchas de estas experiencias se fueron perdiendo o en su defecto se convirtieron en “casas de partidos” que solo se limitaron a defender un determinado programa político, atrás quedaban aquellos espacios de enseñanza y socialización de conocimientos.
No es hasta la década de los 60’s cuando en Caracas, los exilados “cenetistas” (afiliado de la CNT) y sobre todo el grupo de “maximalistas” de José Xena, que logran abrir un pequeño local en el Márquez que fungía de ateneo libre y de oficinas de la Federación Local de CNT, que operaba en Caracas por aquellos años. En este espacio, confluían las charlas y proyecciones de películas todos los sábados, por sus sillas pasaron hombres como Víctor García, Salom Mesa Espinoza o Francisco Olivo.
Otro espacio era la celebre “Casa España” que servía de albergue y punto de encuentro para todo el espectro izquierdista de la Península Ibérica, en sus largos pasillos los “faistas” (miembro de la FAI) y “cenetistas” se reunían y comentaban la situación política en a región, conspiraban, tomaban café y porque no decirlo también se rascaban. Por más de tres décadas esa “Casa España” era un irreductible punto de confrontación contra lo que ellos llamaban “el viejo mundo”.
A comienzo de la década de los noventas, en el país se respiraba aires de conflicto, los efectos tóxicos de las bombas lacrimógenas empezaron a a generar salpullidos en una generación que cansada de la demagogia partidista de la cuarta república y con el oprobioso debacle del socialismo real, empezó a ver con buenos ojos al anarquismo, como repuesta radical al “status quo” que tanto aborrecían. Este espíritu encontró abrigo en la Universidad Central de Venezuela (UCV) mítica guarida de “ñangaras” y “cabezas calientes” como bautizaría Betancourt a la izquierda criolla.
Por aquellos años abundaban las pancartas, grafitis y actividades libertarias en esta casa de estudio, inclusive lograron montar “Kai Kaichi” un restaurant vegano que no solo servía platos excéntricos para la escaza cultura culinaria del venezolano, sino que a su vez impartía charlas, talleres y anécdotas de las “jornadas de capucha” que paralizaban el centro capitalino cada jueves.
Con el surgimiento del “chavismo” como movimiento social y la misteriosa quema de “Kai Kaichi” aunada con la implosión de problemas personales, aquella generación termino dividiéndose y plegándose a la izquierda autoritaria y otros decidieron formar parte del engranaje social al cual habían combatido con furor de barricada. Como triste paradoja, cabe decir que los partisanos de ayer son los alcahuetas del tirano de hoy.
No es hasta 1995 cuando un pequeño grupo de náufragos de la mítica CNT y del anarcopunk, logran confluir en lo que se conoció como la Comisión de Relaciones Anarquistas (CRA) cuya principal misión era la de redactar la publicación bimensual “El Libertario” logra alquilar un pequeño local en un edificio de Catia que compartía con otras agrupaciones de matriz “socialista”. Este pequeño local albergaba una creciente biblioteca de material anarquista que luego seria el patrimonio del Centro de Estudios Sociales Libertarios (CESL).
El CESL o el “centro social” como coloquialmente nos referimos a el, se encuentra ubicado actualmente en el populoso barrio de Sarria, entre callejones llenos de un festín electoral e impactos de balas, se levanta un pequeño santuario que para muchos represento un “hogar” en el cual sentirse acogido. Otra experiencia fue el Ateneo Autónomo de Estudios Ácratas y Contraculturales (ATACEA) en la paradisiaca población de Biscucuy, que se mudo a Lara y que cambio su nombre al de Biblioteca Popular Mauro Mejías.
En ese marco histórico es que se inserta la historia del Centro de Estudios Ácratas (CEA) de Mérida, en el medio del barrio Pueblo Nuevo, una escuela abandonada por la colectividad fue rescatada por un conjunto de luchadores sociales que con su accionar evitaron que ese espacio en desuso se convirtiera en un destacamento militar.
Compartiendo espacio con una radio comunitaria y un “barrio adentro” una pequeña puerta abre espacio al CEA, creado en el 2008, por un querido grupo de afines que entre el hardcore y una sonrisa en la cara supiera habilitar unos salones vacios en un autentico espacio de difusión y construcción de la autonomía.
Pero la importancia de esos “centros sociales” de los cuales tanto he hablado, no es la de un “espacio que se levanta contra el capital” ni la de una “sucursal mas de la anarquía” sino que el mantenimiento y creación de un espacio como el CEA, implica en si mismo un fin y no un medio para llegar a un fin.
A diferencia de los adoradores de Marx, los libertarios nunca nos hemos planteado la toma del poder para lograr la transformación social, sino que para llegar a la transformación social debemos comenzar por nosotros mismos, por nuestra practica diaria, para nosotros no sirve de nada la predica cuando no se acompañada de una construcción diaria, desde lo mas elemental (la relación con nuestra familia) hasta lo macro (la relación con la comunidad)
En lo personal comparto la misma visión del mundo planteada por A.M Bonanno al entender que debido al avance de la tecnología y de la sociedad postindustrial con todo lo que esto genera (precarización, control social, exclusión, etc.) es inviable una revolución social tal y como la plantearon los clásicos. Pero esto no implica un fin de la historia como pretendió erróneamente establecer Fukuyama, porque es obvio que el sistema en su inmensa imperfección genera espacios y conflictos que como fogoneros de un tren fantasma pensamos avivar, es aquí donde entrar en juego la vital importancia del CEA, no solo como un “lugar de lectura” sino como una galaxia de tensiones radicales y antiautoritarias que se entrelazan en un espacio físico como el CEA para generar dinámicas y experiencias ajenas al sistema, es decir, si nuestras vidas es un laboratorio de nuestras ideas, este espacio es una materialización tangible de nuestra perenne revuelta.
Así de profanos somos nosotros, rosas negras en un mar de maleza, una montonera de jóvenes contraculturales, una columna de bachilleres ansiosos de saber, una pandilla de universitarios con ganas de reír, somos como tu, como el vecino y como todos.
El CEA somos nosotros, una propaganda de nuestros hechos, solo nos queda invitarte y formar parte de nuestra experiencia. http://ceainforma.blogspot.com/ o http://www.cna.insurgentes.org.ve/paginawebdelcea.htm
Escríbenos: centrodeestudiosacratas@gmail.com